esperanza de vida en mexico

¿Podemos mejorar la esperanza de vida en México?

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¿Podemos mejorar la esperanza de vida en México? Lo que revela un estudio de The Lancet sobre sueño, actividad y nutrición

La esperanza de vida y, especialmente, la esperanza de vida libre de enfermedad constituyen dos de los principales indicadores del estado de salud de una población, en este caso la mexicana.

¿Pero que hábitos tenemos en México?

Solemos responsabilizar a los gobiernos o incluso a dar por hecho que la esperanza de vida en tal o cual país es mejor o peor.

¿Pero realmente tenemos en cuenta que esta responsabilidad es nuestra a medida de nuestras posibilidades?

En las últimas décadas, numerosos estudios han demostrado que factores del estilo de vida como el sueño, la actividad física y la alimentación influyen de manera significativa en el riesgo de mortalidad y en la aparición de enfermedades crónicas. Sin embargo, la mayor parte de la evidencia disponible ha analizado estos comportamientos de forma aislada, a pesar de que en la vida real actúan de manera conjunta e interdependiente.

Dormir mal puede reducir la motivación para realizar actividad física; una dieta de baja calidad puede afectar negativamente al descanso y al metabolismo; y la inactividad física se asocia tanto con alteraciones del sueño como con peores elecciones alimentarias. Esta interrelación sugiere que evaluar cada comportamiento por separado podría infraestimar su impacto real sobre la salud y la longevidad.

En este contexto, un reciente estudio de cohorte poblacional, basado en datos del Biobanco del Reino Unido, tuvo como objetivo analizar el efecto combinado del sueño, la actividad física y la nutrición —denominados conjuntamente como factores SPAN— sobre la esperanza de vida total y la esperanza de vida libre de enfermedad. Además, el estudio exploró una cuestión de gran relevancia práctica: determinar cuáles son las mejoras mínimas combinadas en estos comportamientos que se asocian con ganancias significativas en años de vida y de vida saludable.

El concepto SPAN: sueño, actividad física y nutrición como sistema integrado

Los factores SPAN (Sleep, Physical Activity and Nutrition) representan tres pilares fundamentales del estilo de vida saludable. A diferencia de otros determinantes de la salud, como la genética o ciertos factores socioeconómicos, estos comportamientos son, al menos en parte, modificables mediante intervenciones individuales y poblacionales.

La originalidad del enfoque SPAN radica en considerar estos tres elementos como un sistema integrado, en lugar de variables independientes. Desde una perspectiva fisiológica, esta aproximación resulta especialmente relevante, ya que los mecanismos biológicos que vinculan el sueño, la actividad física y la nutrición con la salud comparten múltiples vías comunes, como la regulación hormonal, la inflamación sistémica, el metabolismo energético y el funcionamiento del sistema cardiovascular y nervioso.

Analizar los factores SPAN de manera conjunta permite una evaluación más realista del impacto acumulativo del estilo de vida sobre la longevidad y la calidad de vida, así como una mejor identificación de estrategias de prevención factibles y sostenibles a largo plazo.

mujer en la ciudad con habitos de ejercicio

Diseño del estudio y población analizada

El estudio se basó en una cohorte prospectiva de 59.078 participantes procedentes del Biobanco del Reino Unido, reclutados entre los años 2006 y 2010. La edad media de los participantes al inicio del seguimiento fue de 64,0 años, y el 45,4 % eran hombres. Se trata, por tanto, de una población de adultos de mediana y avanzada edad, un grupo especialmente relevante para el estudio de la esperanza de vida y la aparición de enfermedades crónicas.

Entre los años 2013 y 2015, una submuestra de los participantes fue invitada a utilizar un acelerómetro de muñeca durante un periodo de siete días consecutivos. Este dispositivo permitió obtener mediciones objetivas tanto de la actividad física como del sueño, superando algunas de las limitaciones habituales de los estudios basados exclusivamente en cuestionarios autodeclarados.

El seguimiento medio de la cohorte fue de 8,1 años, periodo durante el cual se registraron eventos de mortalidad y la incidencia de diversas enfermedades crónicas de alta relevancia clínica y epidemiológica.

Evaluación del sueño, la actividad física y la nutrición

Medición del sueño

El sueño se evaluó utilizando los datos obtenidos por los acelerómetros de muñeca, procesados mediante un algoritmo validado para estimar la duración del sueño en horas por día. Esta metodología permitió una medición objetiva del tiempo de sueño, reduciendo el sesgo asociado a la percepción subjetiva del descanso.

Los participantes fueron clasificados en terciles en función de su duración media diaria del sueño, lo que permitió analizar la asociación entre diferentes rangos de sueño y los resultados en salud.

Medición de la actividad física

La actividad física se cuantificó como minutos diarios de actividad física moderada a vigorosa (MVPA), también a partir de los datos del acelerómetro. Este tipo de actividad incluye, entre otros, caminar a paso rápido, subir escaleras, realizar tareas físicas intensas o practicar ejercicio estructurado de intensidad moderada o alta.

La MVPA se considera un indicador clave de la actividad física con mayor impacto sobre la salud cardiovascular y metabólica, y su medición objetiva constituye uno de los puntos fuertes del estudio.

Evaluación de la nutrición y calidad de la dieta

La calidad de la dieta se evaluó mediante una puntuación de calidad dietética (Diet Quality Score, DQS) compuesta por 10 ítems. Esta puntuación incluyó la ingesta de alimentos como verduras, frutas, cereales integrales, carnes, pescado, productos lácteos, aceites y bebidas azucaradas.

El rango de la puntuación DQS fue de 0 a 100, donde valores más altos indican una mejor calidad global de la dieta. Este enfoque permitió evaluar la dieta de manera integral, en lugar de centrarse en nutrientes o alimentos individuales.

Resultados principales del estudio

Durante el periodo de seguimiento se registraron:

  • 2.458 muertes
  • 9.996 eventos de enfermedad cardiovascular
  • 7.681 casos de cáncer
  • 2.971 casos de diabetes tipo II
  • 1.540 casos de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC)
  • 508 eventos de demencia

Estas cifras reflejan una carga significativa de enfermedad y mortalidad, lo que proporciona una base sólida para el análisis de la asociación entre los factores SPAN y los resultados en salud.

descanso alarga la vida

Asociación entre niveles óptimos de SPAN y esperanza de vida

Al comparar los terciles menos favorables con los terciles óptimos de los factores SPAN, los autores observaron diferencias sustanciales tanto en la esperanza de vida total como en la esperanza de vida libre de enfermedad.

Los niveles considerados óptimos se definieron como:

  • Sueño: entre 7,2 y 8,0 horas por día
  • Actividad física: más de 42 minutos diarios de actividad física moderada a vigorosa
  • Calidad de la dieta: puntuación DQS entre 57,5 y 72,5

En comparación con los participantes situados en los terciles menos favorables, aquellos con niveles óptimos de SPAN presentaron:

  • 9,35 años adicionales de esperanza de vida
  • 9,45 años adicionales de esperanza de vida libre de enfermedad

Estos resultados ponen de manifiesto que la combinación de hábitos saludables se asocia no solo con una mayor longevidad, sino también con una prolongación significativa del periodo de vida sin enfermedades crónicas graves.

Mejoras mínimas combinadas y ganancias en esperanza de vida

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio fue la estimación de las mejoras mínimas combinadas necesarias para observar beneficios clínicamente significativos en la esperanza de vida.

En comparación con el percentil 5 de la distribución de los factores SPAN, una mejora combinada mínima consistente en:

  • 5 minutos adicionales de sueño al día
  • 1,9 minutos adicionales de actividad física moderada a vigorosa
  • Un aumento de 5 puntos en la puntuación de calidad de la dieta

se asoció con un año adicional de esperanza de vida.

Desde un punto de vista práctico, estas mejoras dietéticas equivalen aproximadamente a añadir media ración adicional de verduras al día o incrementar la ingesta de cereales integrales en alrededor de una ración y media diaria.

Este hallazgo resulta especialmente relevante desde la perspectiva de la salud pública, ya que sugiere que incluso cambios modestos y realistas en el estilo de vida pueden tener un impacto acumulativo significativo sobre la longevidad.

Mejoras combinadas y esperanza de vida saludable

El estudio también analizó las mejoras necesarias para aumentar la esperanza de vida libre de enfermedad, un indicador que refleja no solo cuántos años se vive, sino en qué condiciones de salud.

Para obtener una ganancia estimada de 4 años adicionales de vida saludable, se observó que era necesaria una mejora combinada aproximada de:

  • 24 minutos adicionales de sueño al día
  • 3,7 minutos adicionales de actividad física moderada a vigorosa
  • Un aumento de 23 puntos en la puntuación de calidad de la dieta

Aunque estas mejoras son más exigentes que las asociadas a un año adicional de vida total, siguen siendo alcanzables mediante intervenciones progresivas y sostenidas, sin necesidad de cambios extremos en el estilo de vida.

Interpretación de los hallazgos

Los resultados del estudio sugieren que los beneficios asociados a los factores SPAN no dependen exclusivamente de alcanzar niveles óptimos ideales, sino que se manifiestan incluso con mejoras graduales desde niveles bajos. Este enfoque es coherente con la idea de que la salud y la longevidad responden a un efecto dosis-respuesta acumulativo, en el que pequeños cambios sostenidos pueden generar beneficios relevantes a largo plazo.

Desde una perspectiva clínica y preventiva, estos hallazgos refuerzan la importancia de promover estrategias integradas que aborden simultáneamente el sueño, la actividad física y la alimentación, en lugar de centrarse en un único comportamiento aislado.

Implicaciones para la salud pública

Las implicaciones de este estudio para la salud pública son significativas. En lugar de promover recomendaciones difíciles de cumplir o percibidas como inalcanzables por la población general, los resultados respaldan la eficacia potencial de intervenciones basadas en cambios modestos y progresivos.

Este enfoque puede facilitar una mayor adherencia a largo plazo y reducir la brecha entre las recomendaciones teóricas y su aplicación práctica en la vida cotidiana.

Limitaciones del estudio

A pesar de la solidez metodológica del estudio, es importante considerar algunas limitaciones. En primer lugar, su diseño observacional no permite establecer relaciones causales directas, sino asociaciones. Además, aunque se utilizaron mediciones objetivas para el sueño y la actividad física, la evaluación de la dieta se basó en cuestionarios, lo que puede introducir cierto grado de sesgo.

Por otro lado, la población del Biobanco del Reino Unido está compuesta mayoritariamente por individuos de origen europeo, lo que podría limitar la generalización de los resultados a otras poblaciones con diferentes contextos culturales y socioeconómicos.

Comentarios finales

Este estudio de cohorte poblacional sugiere que pequeñas mejoras simultáneas en el sueño, la actividad física y la calidad de la dieta se asocian con incrementos clínicamente relevantes tanto en la esperanza de vida como en la esperanza de vida libre de enfermedad. Los hallazgos refuerzan la importancia de adoptar un enfoque integrado del estilo de vida y destacan que incluso cambios modestos pueden traducirse en beneficios significativos a largo plazo.

En conjunto, los resultados aportan evidencia sólida a favor de estrategias de prevención basadas en la mejora progresiva y sostenible de los hábitos cotidianos, con un potencial impacto relevante en la salud poblacional.

Fuente: Variaciones mínimas combinadas de sueño, actividad física y nutrición asociadas con mejoras en la esperanza de vida y la esperanza de vida sanitaria: un estudio de cohorte poblacional.

The Lancet